El vino, la mujer y los jóvenes Imprimir E-Mail
13 de septiembre de 2008 13:27
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El mundo del vino se plantea cada vez más competitivo y los empresarios deben conocer cuáles serán las tendencias de los mercados a largo plazo. También resulta importante ganar nuevos consumidores, y en ese esquema, resulta interesante lo que se está realizando en relación a los gustos de las mujeres y de los jóvenes.

Uno de los grandes desafíos a los que deben enfrentarse los bodegueros cuando planifican las acciones futuras pasa por conocer cuáles serán las exigencias y los favoritismos de los mercados a largo plazo. Sucede que desde el momento en que se decide la implantación de un nuevo viñedo hasta que el vino elaborado es puesto en la góndola pasan cuatro o cinco años, lapso en el cual se pueden producir cambios en cuanto a las decisiones de los consumidores.

Los ejemplos sobran y son claros y concretos. En el mercado nacional, hasta la década de los ’90 existía un altísimo consumo per cápita, aspecto que llevaba a las bodegas a elaborar vinos priorizando la cantidad por sobre la calidad. Sin embargo, se produjo un cambio sustancial entre los consumidores, quienes, a medida que iban conociendo más sobre la degustación, comenzaron a exigir mayor calidad.

Y las bodegas también debieron cambiar sus objetivos, poniendo la mira en el comprador y modificando aquella tendencia a elaborar el producto que le gustaba al bodeguero para pensar esencialmente en el consumidor.

Más cerca en el tiempo se produjo un nuevo cambio. De aquellos vinos "gruesos" y "pesados" que ganaban las preferencias de la gente, se pasó a los vinos más livianos, aromáticos y de paladar más fino, porque comenzó a priorizarse la tendencia que señala que el vino se bebe para disfrutarlo y no como una simple bebida alcohólica.

A nivel internacional las tendencias también cambiaron. Durante años los vinos del "viejo mundo" vitivinícola, conformado por Francia, Italia y España, ganaron espacios en base a las denominaciones de origen. Pero se produjo un quiebre importante con la aparición del "nuevo mundo", que impulsó el consumo de los varietales, situación que favoreció también a la Argentina, que pudo incluir al malbec entre las preferencias de los consumidores.

En ese difícil mundo debió insertarse la vitivinicultura nacional y los espacios ganados fueron a base de esfuerzo, dedicación y a un cambio de mentalidad de los industriales, quienes, al decir de un experto inglés, dejaron de pensar "hacia adentro" para abrirse a lo que reclama el mundo.

Esos cambios a que hacemos alusión también alcanza a lo que en los últimos tiempos han aparecido como nuevos consumidores: las mujeres y los jóvenes.

Años atrás, las grandes cadenas de supermercados ingleses realizaron un estudio sobre las preferencias de los vinos y llegaron a la conclusión de que la mujer terminaba siendo la que elegía los productos en razón de que era quien concurría a realizar las compras. Esa situación había llevado a determinar que era muy probable que la tendencia del consumo se dirigiera hacia los vinos blancos, por ser más livianos y más frutados.

Sin embargo, a medida que las mujeres fueron conociendo más de la degustación, modificaron las preferencias hacia vinos más complejos, con más cuerpo y secos. En ese aspecto coincide una estudiosa del consumo en una reciente publicación.

Con relación a los jóvenes, es el público a ganar por todas las bebidas. Hacia ellos están dirigidas las publicidades de las gaseosas, las cervezas y algunas bebidas energizantes con una gran diferencia respecto del vino: los millones de pesos de inversión en marketing de aquellas -en la mayor parte de empresas multinacionales- genera que le resulte muy difícil competir al vino en ese rubro.

Aunque, en este caso, existe un margen interesante en favor de la vitivinicultura: todo público joven que se gane significará un consumidor asegurado en el futuro, situación que no se da en el resto de las bebidas.

Frente a esos aspectos señalados, resulta interesante el trabajo que está realizando la vitivinicultura en su conjunto, intentando conocer cómo se mueven y cuáles son las tendencias en los mercados a través de las consultas con consultoras especializadas y también los concursos dirigidos a jóvenes menores de 30 años, para medir el paladar y las preferencias de ese público en especial.

De la ratificación y profundización de esa tarea, del conocimiento de las tendencias del consumo y de la continuidad en el objetivo de priorizar la calidad dependen gran parte del futuro de la vitivinicultura para fortalecer lo muy bueno que ha concretado la industria en los últimos años.

  • Link a nota: http://www.losandes.com.ar/notas/2008/9/13/editorial-380641.asp



Fuente: Editorial - Diario Los Andes


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